Rogue One: Una historia de Star Wars

Título original: Rogue One: A Star Wars Story
Duración: 133 min.
Director: Gareth Edwards
Guión: Chris Weitz, Tony Gilroy (Historia: John Knoll, Gary Whitta; Personajes: George Lucas)
Reparto: Felicity Jones, Diego Luna, Ben Mendelsohn, Donnie Yen, Jiang Wen, Mads Mikkelsen, Forest Whitaker, Alan Tudyk, Riz Ahmed, Jonathan Aris, Jimmy Smits,Alistair Petrie, Genevieve O’Reilly, Valene Kane, Warwick Davis

Sinopsis: El Imperio Galáctico ha terminado de construir el arma más poderosa de todas, la Estrella de la muerte, pero un grupo de rebeldes decide realizar una misión de muy alto riesgo: robar los planos de dicha estación antes de que entre en operaciones, mientras se enfrentan también al poderoso Lord Sith conocido como Darth Vader, discípulo del despiadado Emperador Palpatine. Film ambientado entre los episodios III y IV de Star Wars. (FILMAFFINITY)

Las autoridades sanitarias advierten: éste artículo no tiene spoilers pero, si todavía no la viste, lo mejor es esperar para leerlo.

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Rogue One, el primer spin-off de la saga cinematográfica más exitosa (en términos monetarios) de todos los tiempos cumple sobradamente las expectativas. Los fans galácticos pueden respirar tranquilos y, los que no, pueden empezar a prepararse para vivir un film de aliento épico clásico que acaba por sorprender al espectador. Y es que son muchos los aciertos del film de Gareth Edwards (honestamente ni Monsters (2010), o Godzilla (2014) hacían prever un film tan potente como este episodio 3.5) que la hacen, ya no sólo muy superior a las precuelas de principio de Siglo (Ep. I, II y III), sino que se situaría sin problema, en términos cualitativos, al mismo nivel que la saga original (y eso que el factor sorpresa, argumentalmente hablando, es inexistente: todo el mundo sabe de qué va la película y cómo va a acabar, más o menos).

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Edwards (y sus guionistas: Tony Gilroy y Chris Weitz, el primero da músculo al thriller, el segundo oxigena con los respiros cómicos) no mira ni a George Lucas ni a JJ Abrams a la hora de dar forma a su monolito galáctico. Él va mucho más atrás. Porque Rogue One nos devuelve un sentido de la épica dramática, vinculada al sacrificio de héroes imposibles a la caza de un objetivo suicida, que nos retrotrae a los mejores films bélicos de la historia del cine como Objective Burma (1945) o They Died with Their Boots On (1941), o a imborrables clásicos del género bélico como The Guns of Navarone (1961) o The Great Escape (1963). Si bien aquí no se busca tanto la espectacularidad de las escenas de acción (que lo son) como que éstas tengan un costado dramático que le dé entidad al conjunto del relato.

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Uno de los problemas de Episodio VII fue la excesiva deuda que tenía El despertar de la fuerza con los films precedentes: ya no sólo porque era incapaz de zafar de ellos para respirar con vida propia sino porque la propia narración acaba por resultar muy similar a Episodio IV. Edwards se libera de ese lastre haciendo una película con principio y final, que si bien posee incontables referencias a la saga (como todo fan debe esperar) funciona de forma perfectamente autónoma: nuevos personajes, nuevos desafíos dramáticos y, especialmente, un tramo final absolutamente impresionante, donde la acción, la emoción, la alegría y la tristeza se abrazan en un espectáculo totémico. ¿Se le puede pedir más? No, pero lo hay: tremendas interpretaciones (sobresaliente para Felicity Jones, Mads Mikkelsen y Ben Mendelsohn, aprobado justo para Diego Luna), un robot destinado a meterse en la cultura pop de los próximos cincuenta años (K-2SO, con voz de Alan Tudyk), un Darth Vader como todos lo queremos ver (suya es la secuencia más brutal de la película) y, como gesto simpático para los fans, la reconstrucción en CGI del inolvidable Peter Cushing.

Algunas críticas:

  • “No hay Jedis, no hay (casi) sables de luz, pero hay un espíritu, hay un aire familiar. De nuevo: si no lo es, se parece mucho a la precuela que queríamos ver.”
    Pablo O. Scholz: Diario Clarín
  • “Más humana y menos especulativa que sus predecesoras, (…) un entretenimiento sin pausas y (…) un gran personaje femenino, cuyo valor está a la altura de un Han Solo.”
    Marcelo Stiletano: Diario La Nación
  • “Recién sobre su segunda mitad ‘Rogue One’ clarifica su berenjenal de escenarios y nombres para convertirse en un relato límpido, terso en su desarrollo y con un espíritu aventurero amable e incluso estimulante.”
    Ezequiel Boetti: Diario Página 12
  • “Rogue One lleva a la saga a una gloriosa nueva órbita (…) Es la mejor película de ‘Star Wars’ desde ‘El imperio contraataca’ de 1980. Sí, así es de buena.”
    Ethan Sacks: New York Daily News
  • “Una intensa película bélica (…) El público más joven se aburrirá, se confundirá, o ambas cosas. Pero para la generación original de ‘Star Wars’, los fans que no estaban seguros de qué pensar de los episodios uno, dos y tres, ‘Rogue One’ es la precuela que siempre desearon.”
    Peter Debruge: Variety
  • “Con una estupenda Jones (…) y un reparto que sabe cómo resultar creíble, incluso en una fantasía de ciencia ficción, ‘Rogue One’ demuestra ser una historia de ‘Star Wars’ que vale la pena contar. (…) Puntuación: ★★★½ (sobre 4)”
    Peter Travers: Rolling Stone
  • “[Una] aventura emocionante, agradable y entretenida del universo imaginario de ‘Star Wars’. (…) Puntuación: ★★★★ (sobre 5)”
    Peter Bradshaw: The Guardian

Ver también:

Westworld

Westworld (HBO), que acaba de estrenarse, es una de las series más esperadas de la temporada. Básicamente trata sobre todo lo que sucede en un futurista “parque de atracciones” en el que los muñecos animatrónicos han evolucionado hasta ser casi indistinguibles de los humanos y cuyo escenario recrea el viejo Oeste.

Los visitantes pagan un dineral por disfrutar de unas experiencias únicas y “reales”, incluyendo poder matar a los “malos”, revivir aventuras de una época pasada y, cómo no, sexo a gusto del cliente. Entretenimientos nobles, depravados o incluso psicópatas: todo vale en esta especie de mundo virtual alojado en el mundo físico.

Pero además de intrigas y dramas diversos la serie se mete de lleno también en temas  como la inteligencia y la consciencia artificial, el sentido de la vida y qué nos hace humanos. Es algo que salta a la vista desde la primera frase de la primera escena. Androides que deben respetar reglas parecidas a las de la robótica, entidades aparentemente imaginarias que viven y reviven realidades imaginarias y seres humanos que juegan a ser Dios. El resto se irá desarrollando a lo largo de los episodios incluyendo según los creadores también una trama sobre “la evolución del pecado”.

Los precedentes de Westworld difícilmente podrían ser mejores: la historia está basada en una película del mismo título de 1973 escrita por Michael Crichton (Jurassic Park, El mundo perdido, Sphere, Rising Sun, todas adaptadas al cine)  y protagonizada por Yul Brynner: Westworld. Tuvo su continuación en Mundo futuro (1976) que resultaba tanto o más interesante y marcó época, aunque hoy quedan como obras menores de la ciencia-ficción. Tuvieron mérito para su época.

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Además de esto los creadores del nuevo Westworld son Jonathan y Lisa Joy Nolan (hermano y cuñada del maestro de maestros Christopher Nolan); respetan bien las premisas del concepto original de Michael Crichton, dirigen algún episodio y supervisan toda la narrativa. Extra: lo hacen bajo la atenta mirada de J.J. Abrams, uno de los coproductores, que seguro que también anda dando consejos por ahí.

Dado que la serie entronca con la película original podría considerarse casi como una especie de Jurassic Park III ( pero bien hecha) en el que los empresarios se esfuerzan por crear parques de atracciones en los que la gente muere sin remedio. La diferencia es que en vez de largometraje nos lo dan en cómodas cuotas. Las menciones y enlaces con el Mundo del Oeste original están en el guión, y es un gran plus.

De momento se ha emitido tan solo el episodio piloto, bastante impactante, apasionante y con grandes actores e interpretaciones (incluyendo Anthony Hopkins y Ed Harris). La primera temporada constará de diez episodios y ya ha recibido unas cuantas críticas espectaculares.

ARQ

Netflix estrenó ARQ, el primer largometraje de Tony Elliott que los aficionados a los viajes en el tiempo van a ver por completo, pero que no aporta gran cosa.

ARQ es básicamente El día de la marmota o quizá debiera decir Edge of Tomorrow, la de Tom Cruise, que es a la vez su copia modernizada de acción de la anterior. Live, Die, Repeat. Vive, Muere, Repite.

Tal y como cuenta la sinopsis y puede verse en el trailer, en ARQ un ingeniero de un futuro distópico donde no hay comida y las corporaciones dominan el mundo se la pasa intentando sobrevivir repitiendo el mismo día desde las 6:16am cuando una banda de asaltantes entra en su casa. El ARQ que ha inventado es un dispositivo que crea energía infinita, algo que produce efectos secundarios raros y que se convertirá en la clave de la historia, que al menos incluye un montón de giros inesperados.

Lo (único) bueno es que a diferencia de otras películas aquí SI explican cómo funciona la máquina, o detalles como por qué sólo él “recuerda” haber saltado en el tiempo o cómo piensa técnicamente deshacer el desastre porque la situación es altamente violenta y peligrosa y el tiempo para resolverlo no es mucho (atención a la ingeniosa mención a π que aparece al respecto).

Rodada completamente en interiores dentro de una casa (por eso entendemos que es de bajo presupuesto) la película resulta entretenida si te gustan esos escenarios tipo Cube o Saw. No está mal para un rato pero desde luego tampoco pasará a la historia como una de las más originales ni impactantes sobre los viajes en el tiempo: recomiendo El ruido de un trueno, basada en un cuento de Ray Bradbury.

Burning Man

Burning Man es complicado de definir, así que es más fácil dejar que las fotos hablen por si solas. Se trata de un evento anual de casi una semana de duración que tiene lugar en medio del desierto de Black Rock, en Estados Unidos. Hace poco más de un mes terminó la edición 2016, que congregó a más de 70.000 almas que pagaron cerca de 200 dólares cada una.

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Todo Burning Man se ubica en una especie de estacionamiento circular gigantesco, con carpas, casas rodantes y todo tipo de estructuras fijas y móviles.

En cualquier momento podría aterrizar un ovni y nadie se sorprendería.

Entre los asistentes hay una variada fauna de adultos de un amplio rango de edades. Los temas favoritos: artes plásticas, ingeniería, tecnología y música combinados a todas horas del día.

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La experiencia también tiene un toque de aventura y supervivencia: la temperatura en el desierto es de 40 a 43 grados, la arena y el polvo se meten por todas partes y hay que beber constantemente: es fácil deshidratarse. Estando a 200 kilómetros de Reno (Nevada) es lo más parecido a estar en mitad de ninguna parte pero además rodeado de frikis en todas sus variantes, disfraces y caracterizaciones incluidas.

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La primera vez que oí hablar de Burning Man fue en la revista Wired, allá por 1996. A los de la revista, Burning Man les parecía exageradamente futurista, entre distópico y utópico. Tal vez era, como lo calificó Bruce Sterling, lo más parecido a “Internet hecha carne y hueso”. Hace unas semanas, hablando con Dario Susnisky, salió el tema y recordé que debía hacer un post al respecto… y aquí está.

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No parece exagerado decir que Burning Man es como una mezcla de Woodstock, Mad Max (hasta tiene un “ThunderDome” donde la gente lucha) y el mítico Art Futura, todo ello bien mezclado. Los montajes suele ser gigantescas esculturas, escenarios y grandes artefactos móviles que deambulan de un lugar para otro.

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La tradición desde hace décadas exige además que allí “todo lo que se arma, se desarma”. Tras la semana del Burning Man, la playa (como denominan al lugar) queda tan limpia y desértica como estaba al principio.

Naturalmente, también hay un hombre ardiente.

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Una de las noches se le prende fuego (medio estilo Fallas Valencianas, medio a lo Guy Fawkes) al muñeco del hombre ardiente que se monta a tal efecto en medio del gigantesco festival, cual primitivo ritual.

Flying Bulls

Una ciudad preciosa…
Buena música…
Aviones y helicópteros de los Flying Bulls haciendo acrobacias…
Resultado: un video que seguro que le encanta a cualquier aerotrastornado.

Fundados por Sigi Angerer, un piloto de aerolínea, y Dietrich Mateschitz, el dueño de Red Bull, los Flying Bulls cuentan con una flotilla de aviones y helicópteros clásicos (salvo un par de helicópteros) que mantienen en condiciones de vuelo y con los que realizan exhibiciones por toda Europa.

Cuando no están volando se les puede ver en el Hangar 7 en el aeropuerto de Salzburgo.

PowerVision PowerEgg Drone, el huevo volador

En estos días, la tecnología de vanguardia no dura demasiado a menos que se trate de un diseño limpio. Esta noción de forma y función en partes iguales impulsan las ventas de artículos de alta tecnología, porque si bien pueden ser pioneros en cuando a funcionalidad, si el producto no se ve bien se convierte en obsoleto rápidamente. Y qué mejor ejemplo de una situación Win-Win que el PowerEgg drone de PowerVision.

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Con una forma distintiva e ingeniería de vanguardia, el PowerEgg es un dron equipado con cámara que es capaz de capturar video en calidad 4K UHD y de hacerlo a distancias de más de 4,5 kilómetro. Tras el encendido, cuatro hélices se extienden desde el interior y ya está listo para usar gracias a la cámara panorámica de 360 grados, mientras que el primer control basado en gestos del mundo le permite manipular la trayectoria de vuelo con una mano.

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También cuenta con un gimball de 3 ejes para fotos y video estabilizados, un sistema de posicionamiento hipersensible para el vuelo en interiores, así como diferentes modos de potencia para ayudar al adron a realizar movimientos rápidos y complicados en momentos de necesidad. Además, el PowerEgg puede funcionar plenamente a más de 13.000 pies de altura (casi 4.000 metros) sobre el nivel del mar y cuenta con una velocidad máxima de 13 metros por segundo.

Ya está disponible para pre-orden con un precio de U$S 1.288.

Sully, la película sobre el “milagro en el Hudson”

Les habla el comandante. Prepárense para el impacto.

Tanto los que gustan de las películas de éste tipo como los que no van a disfrutar la historia que tuvo como protagonista a Chesley  “Sully” Sullenberger, el piloto del vuelo 1548 de US Airways.

Passengers stand on the wings of a U.S. Airways plane as a ferry pulls up to it after it landed in the Hudson River in New York, January 15, 2009.  Local media said the plane was an Airbus with 146 passengers and five crew which had just taken off from La Guardia Airport and was trying to return after apparently striking a flock of birds.   REUTERS/Brendan McDermid (UNITED STATES)  BEST QUALITY AVAILABLE - RTR23FP8

El largometraje tiene como plus contar con Tom Hanks en el papel principal y Clint Eastwood como director. La historia del “milagro en el Hudson” fue sin duda una de las más impactantes en el mundo de la aviación en los últimos años: un amerizaje de un A320 pleno Manhattan, en las aguas del gélido río Hudson con una aeronave con los motores inutilizados por haber tragado gansos canadienses tras el despegue.

Un amerizaje de un avión de pasajeros de este tipo nunca había tenido éxito en la historia de la aviación, pero tras unos minutos de increíble profesionalidad por parte de los pilotos, los 155 ocupantes salvaron sus vidas.

Sully se estrenará en diciembre en Argentina.

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