No es lo mismo ver que mirar…

Siempre me gustó jugar con las palabras, cada letra era como un soplo de brisa en un amanecer de verano. Pero un día de no sé cuándo, perdí el deseo. Comencé a sentirme como una prostituta que abre las piernas sólo porque tiene que hacerlo, porque ese es su trabajo. Igual que una mujer frígida que no gime por placer sino por la obligación de parecer satisfecha. Fueron varios los motivos por los que perdí las ganas. Después de algunas perlitas de las que me enorgullezco, me descubrí patético cuando el contenido se dejó ganar por la forma. Yo creo que soy bueno escribiendo, y tengo el don de ser efectista. Un par de frases bonitas sirven para endulzar cualquier texto y volverlo emotivo, pero es bastante hijo de puta hablar de sensibilidad cuando uno en este momento no tiene de ella ni siquiera un gramo. Algo parecido ocurre en los diarios. Puro bla, bla, bla. Sigan durante toda la semana el desarrollo de un tema y lo verán: no dicen nada. Disfrazan lo mismo que dijeron ayer para que no se parezca a lo que saldrá mañana. Es pura cáscara para no dejar la página en blanco.

Dejé de escribir y me olvide de los foros, de las listas de correo, cuando comprendí que no tenía nada importante para decir. Pero la cosquilla nunca se me fue de la panza. Y durante todo este tiempo, quizás, el detonante fue la relación con ella, mi musa, y su sedentarismo, su gusto por la rutina pero a la vez la queja constante acerca de eso que mata a las parejas y las hunde en el olvido, sus quejas pero su falta de apoyo… su falta de ganas a la hora de empujar la pareja a buen puerto… y mi pila de defectos (tengo virtudes, pero se los dejo a ustedes el decirme cuales son).

“Tienes que salir adelante…”. “Tienes una vida por delante, un hijo maravilloso, NO TE CAIGAS”. Muchas palabras así recibí en esta semana. Un montón de gente que, pese al corazón rasgado y al sabor a tristeza que resuman sus labios, no pierde el deseo enorme de ser feliz, y de ver felices a sus amigos. De tanto leer, descubrí una coincidencia: casi todos escriben y/o se conectan a la misma hora. Después de la medianoche, cuando la soledad aprieta más. Las personas apasionadas, las que más saben sobre la alegría y el dolor, son aves nocturnas. Cuesta dormir cuando la cabeza gira como un trompo. Y más aun si su cara es lo primero que ves al dormirte, y lo último antes de despertar.

Es conmovedor saber que alguien que casi no conoces te dedica media hora para escribirte en el mensajero de turno un rato, aun sin saber si alguna vez vas a hacer caso a sus palabras. Te eriza la piel y te lleva a preguntarte lo inevitable: ¿por qué casi ninguna de las personas que tengo cerca jamás derraman su corazón de esa manera, y por qué sí lo hacen tipos y tipas que pocas veces o jamás te vieron la cara? Y creo conocer la respuesta. Los solos y solas de este mundo son cada vez más: la mayoría de las personas de entre 25 y 40 años tienen un agujero enorme en el corazón, y se sienten sin compañía, aun cuando besen cada noche un par de labios y amanezcan al lado de otro cuerpo. Estar solo es no permitirse la necesidad de decir “estoy mal, dame un refugio” (parafraseando a los Stones…). Estar solo es querer y no animarse a gritar “te amo” cuando estás sentado en el inodoro (el water, para los ibéricos) con la puerta cerrada, por temor a que tu chica piense que estás loco. La soledad es el corset de los sentimientos. Es como una flecha envenenada con prejuicios que nos matan la alegría de ser espontáneos. Por eso acaso todos esos mails, mensajes y posts. Suele suceder que preferimos a un desconocido para confesar las pasiones y las miserias mayores.

Todo esto que digo no tiene un carajo que ver con lo que se supone que uno debería escribir en una entrada de un blog que trata sobre temas tan heterogéneos, aunque en el fondo sí. Más allá de las carreras de F1, el programa de radio que nunca termino, la música y el cine, siempre todo conduce a lo mismo: al deseo de cariño, risa, amor, tibieza y llanto sin pudor.

El letargo fue largo, y durante todo ese tiempo jamás pude escribir más de algunas líneas con sentido. Hasta que una especie de magia encendió la chispa otra vez. Hoy, después de las 10, me senté en mi PC y le di forma a este… sumidero de vómitos y demás yerbas. Y acá vomito todas las palabras que tenía atoradas desde… ya no me acuerdo cuándo. Me rompe la cabeza sentir que moviliza todo lo que se dice con el corazón abierto, que hay un puñado de gente que acepta que el dolor y la tristeza son parte de nuestra piel, tanto como la risa y las carcajadas. Dije que emprendí la aventura de montar este blog, no por placer sino por la necesidad de escribir sobre aquello que me apasiona. Hablaré alguna vez sobre lo miserable que resulta relacionarse con las personas sólo desde la necesidad. Hablaré de la mierda que es el dinero si uno no logra ser feliz con poca cosa, y de lo bien que hace exhibir las debilidades, ya que sólo así uno se vuelve más fuerte. Y llueven las palabras, pese a que las emociones congeladas son una epidemia y la franqueza es casi un dinosaurio de museo. No debería sorprender a nadie que uno diga lo que siente, pero parece que somos una especie en extinción los que corremos el riesgo de mostrarnos desnudos.

Muchas veces me siento como un talibán que no mide el riesgo porque no puede vivir sin adrenalina. Y es curioso lo que las personas así despertamos en la gente. Lo que antes era motivo de condena, ahora es objeto de deseo y aplauso. Ser auténtico, desprejuiciado y volcánico; andar por la vida sin esconder las miserias ni las virtudes; admitir las contradicciones y llorar cuando el corazón aprieta, genera una especie de fascinación.

Creo que nos haría bien mirarnos el ombligo, incendiar los prejuicios y abolir esa compulsión perversa de condenar a las personas antes de entender que toda conducta tiene una raíz. Es verdad… a uno le cuesta reconocer los errores… pero sostuve siempre que “lo imposible es sólo aquello que no se intenta…”. ¿Ella se cansó de intentar o de ver que yo lo intentaba y fallaba en mi empresa?

Mostrar el alma desnuda debería ser una virtud, pero asusta mirarse al espejo y descubrir que la piel tiene un millón de grietas. Sí es evidente que el sol no se puede tapar con un dedo, y muy obvio que no puede ocultarse una montaña de basura debajo de la alfombra, ¿por qué no aceptar que no existen ni Heidi ni la familia Ingalls? Si lo intentáramos, quizá tendríamos menos presión, sentiríamos algo de paz, haríamos el amor más seguido y hasta se nos escurriría una carcajada de tanto en tanto. Sí, la vida a veces es un gran infierno pero, ¿qué es mejor, sentir calor o quedarse frío?

Definitivamente, no es lo mismo ver que mirar. No es lo mismo hablar que decir.

Renzo

Lee la parte dos, haciendo click acá.

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5 pensamientos en “No es lo mismo ver que mirar…”

  1. A mi entender hay solo dos personas que pueden escribir de esa manera, un suicida o un ave fenix…
    Lei completamente todo el escrito, sacando la conclusion de que pensamos igual en muchos puntos…obviamente no tengo el donde palabra que tenes vos, pero lo que siento a veces no lo pudiste decir de mejor forma.
    El tema de la soledad es grande, siempre uno necesita soledad, el ser humano por naturaleza se comunica, pero de la misma forma es solitario en el fondo, como lo dijiste hay veces que lo demuestra y otras no…eso es la personalidad de cada uno.
    Ehmmm…no me explayo demasiado porque carezco de tu filosofia por asi decirlo. Pero entre ese mail de 4 cosas que no conoces de mi y este relato…me parece que conoci y trabajo al lado de una persona que hace lo que dice, y que es tal cual la vez, y esas son las personas que esta en extinsion.
    Bueno…me voy, nos veremos en el trabajo, a pesar de que obviamente este tipo de comentarios nunca los escuches salir de mi boca…entenderas o te daras cuenta que no soy el tipo de persona que se la pasa hablando 😛
    Nos vemos y… E – L – O … elooooooooo

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  2. ren! es increible lo que escribiste .. es incrible porque como vos decis. lo vomitaste todo!. es lo qu hay que hacer en lo posoble todo el tiempo!. porque sino todo eso en la panza se vuelve un moustro de siete cabezas como bien dicen algunos!–
    bueno la verdad me emociona que en este momento que estas pasando puedas decirlo todo! porque son palabras y sentimientos frescos bueno o bien combinados con pasados!

    me enorgullese que seas parte de mi familia!

    te quiero!

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  3. Es complicado poder expresar la o las palabras justas para los momentos o circustancias especiales que nos tocan vivir a diario en la vida misma, poder explicar posturas, pensamientos, decisiones.. pero algo que note desde que te conoci es esa virtud que tenes para escribir y vertir con pasión lo que sentis. Muchas veces pensamos porque las cosas pasan pero no hay un porque, simplemente pasan.. Hay que ser fuerte y seguir adelante.

    Eso si, nunca dejes de decir o escribir lo que llevas dentro porque lo que se guarda se pudre.

    Siempre vamos a estar con vos Ren, maquina por medio.. kilometros de distancia o como sea.. 🙂

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  4. Cuando uno se queda sin palabras…

    No puedo opinar sobre lo que escribiste porque cualquier opinión es vana, es lo que necesitabas sacar y lo hiciste con excelencia y de la mejor manera…

    Gritándolo a un mundo virtual paralelo, donde probablemente quede olvidado al mezclarse con los desahogos del próximo literato despechado.

    Pero quién te quita la cínica satisfacción de haberlo hecho… y de que probablemente… “lo lea”.

    Danke, nada más.

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