Los jóvenes cuidan su privacidad en las redes sociales más que los adultos

La empresa Trustev ha integrado lo que denomina “huella digital social” con sistemas de negocio de terceros, en particular de verificación de antecedentes comerciales. El sistema puede aplicarse al sector retail, suscripciones de operadores telefónicos, instituciones de crédito u otras situaciones en que la verificación de la identidad del cliente, y su solvencia, tengan relevancia clave.  Para realizar el proceso de verificación, la empresa Trustev analiza datos de redes sociales como Facebook, LinkedIn y Twitter, para validar la identidad del usuario.  Durante el evento Finovate Europe, realizado los días 11 y 12 de febrero en el Reino Unido, la empresa presentó su módulo “Trusted Retail Decisions”, que a decir propio será utilizado a corto plazo por 2 empresas británicas de telefonía móvil. Aduciendo razones de seguridad, la empresa no proporcionó los nombres de los operadores.  Durante su presentación, Trustev puso de relieve lo que denominó “ grave problema del fraude con teléfonos móviles”, explicando: “un cliente entra a una tienda, firma un nuevo contrato con identidad ficticia, y se retira con un nuevo teléfono en el bolsillo. Días después, el operador entiende que la información no es genuina, pero para entonces ya es imposible ubicar al estafador o recuperar el teléfono. Los aparatos son normalmente despachados al extranjero, no sin antes utilizarlos para hacer costosas llamadas”.  Los comercios pueden incorporar al servicio de validación de identidad agregando algunas líneas de código a sus plataformas.  La empresa recalca que su nuevo sistema hace imposible este tipo de fraude. Al respecto, indica que la tienda en cuestión aplica todos los procedimientos normales de verificación de identidad, pero que después se entregará este una tableta, pidiéndole iniciar sesión en alguna de sus cuentas sociales, como Facebook, Twitter o LinkedIn. La aplicación analiza entonces el perfil social, para verificar si el cliente es realmente quien dice ser. El sistema asigna una puntuación, y se desconecta de la red social.  La empresa recalcó que los actuales sistemas de crédito están diseñados para el sector bancario, donde no hay inconveniente en pagar 10-15 libras esterlinas por un control de identidad. Sin embargo, al tratarse de una pequeña empresa, pagar esa suma cada vez que es necesario verificar la identidad de un cliente.  En su presentación, Trustev no explicó si para alguien que ha falsificado documentos de identidad no resultaría quizás igual de fácil crear una identidad falsa en redes sociales.

El creador de Facebook, Mark Zuckerberg, llegó a decir en 2010 que la privacidad había dejado de ser una norma social. Ya fuera por ignorancia, desidia o porque la consideraran un valor trasnochado, los jóvenes la habían enterrado en las redes sociales. Sin embargo, un estudio de la Universidad de Oxford desmonta y le da la vuelta al mito: son los mayores los que menos protegen su intimidad en la red.

En 2006, un ensayo de la investigadora Susan Barnes planteaba la paradoja de la privacidad. Los jóvenes, pioneros en el uso masivo de las redes sociales, estaban compartiendo su vida privada en alguna de ellas poniendo al alcance de empresas y gobiernos grandes cantidades de datos personales, una información por la que sus mayores habían peleado para mantenerla privada. Se decía entonces, y aún ahora, que los chavales no entendían bien la naturaleza pública de internet y sus implicaciones.

Sin embargo, investigadores del Instituto de Internet de Oxford no han encontrado mucha ciencia que respalde aquella idea. Aunque sea ha publicado mucho sobre esta ignorancia o desidia de los jóvenes, la gran mayoría de los estudios no contaban con una muestra representativa de usuarios o se habían hecho con poblaciones universitarias. De hecho, sólo han hallado tres investigaciones revisadas por pares (peer-reviewed) sobre el tema. Así que han querido comprobar cuánto hay de cierto en esta paradoja de la privacidad realizando su propio trabajo, esta vez, respetando las exigencias de la estadística para tener un verdadero muestreo de la población en general.

Para comprobarlo, entrevistaron a una muestra representativa de la población británica de 2.000 personas. Querían saber si revisaban o cambiaban la configuración de privacidad de su cuenta en alguna de las 10 redes sociales más populares en el Reino Unido y con cuanta frecuencia lo hacían. Las entrevistas también les permitieron crear un perfil sociodemográfico y psicológico de cada uno de ellos.

En su estudio (PDF), vieron que el factor que mejor predecía la preocupación por la privacidad era la edad. La mediana (valor central) de los que reconocían que nunca habían comprobado su configuración es muy elevada, de 43 años. Y, al revés, la mediana de los que sí lo hacían baja hasta los 26 años. En el extremo están los más jóvenes: casi el 95% de los chicos de entre 14 y 17 años revisan lo que comparten de su vida social y con quién. De hecho, un alto porcentaje repasa su configuración a diario, algo que, con la edad, se convierte en menos frecuente.

Contenido completo en fuente original Materia

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