La turbina hidráulica de Sedenkia se adapta a la dirección de las olas para producir energía

El dispositivo es capaz de aprovechar el movimiento del agua tanto cuando entra como cuando sale de la boya. Funciona con agua en lugar de aire, lo que aumenta la eficiencia del sistema.

Los océanos y mares del planeta contienen más de 1.300 millones de kilómetros cúbicos de agua cuyo movimiento natural se podría aprovechar para producir electricidad. La energía undimotriz transforma el vaivén de las olas en electricidad, algo útil para un país como España, rodeado por casi 8.000 kilómetros de costa. Sendekia,  una empresa familiar surgida en el garaje de casa, ha desarrollado una turbina hidráulica que podría dar electricidad a granjas de acuicultura, investigaciones marinas y poblaciones aisladas gracias al oleaje.

Prototipo de SDK Wave Turbine instalado en Cartagena  Fuente: Sendekia
Prototipo de SDK Wave Turbine instalado en Cartagena
Fuente: Sendekia

La turbina hidráulica SDK Wave Turbine ajusta sus palas para funcionar independientemente de si el agua entra o sale de la máquina. El director técnico y cofundador de Sendekia, José Manuel Grases, explica que la pala patentada por su empresa “se autoajusta” gracias a su forma y “decide” qué posición es más “eficiente”, según la dirección de la ola. Esta innovación le ha valido a la empresa ser seleccionada por el Fondo de Emprendedores de Fundación Repsol.

La tecnología está basada en un sistema denominado columna de agua oscilante, que genera electricidad en dos pasos. Primero la ola entra en la turbina haciendo girar las palas. Al salir el líquido, estas cambian de sentido para continuar girando y producir energía durante todo el proceso.

La cofundadora y directora ejecutiva de Sendekia, Carolina Grases, explica que, a diferencia de los sistemas convencionales, en su turbina es el agua en lugar del aire la que actúa como propulsora. Por su parte, José Manuel Grases detalla que el agua, al ser más pesada que el aire, es más eficiente a la hora de producir energía, que se almacena en baterías para su uso posterior en el caso de las instalaciones aisladas.

Los datos relativos al rendimiento de la turbina son confidenciales, pero la directora ejecutiva adelanta que el prototipo probado tiene una potencia instalada de 4,5 kilovatios (kW), y planean fabricar dispositivos mayores que lleguen a alcanzar el megavatio en un futuro. Sin embargo, la media anual no alcanza estas cifras óptimas porque en el mar se combinan momentos de gran oleaje con otros de calma que provocan que la producción de energía no sea constante.

El primer prototipo se probó en el puerto de Cartagena (Murcia) desde febrero hasta mayo de este año. Aunque se instaló pegado a la costa, la investigadora asegura que pronto estudiarán su funcionamiento en alta mar. Así las plantas de acuicultura y los centros científicos que llevan a cabo investigaciones submarinas podrían aprovechar la electricidad producida. En el futuro podrían integrarse a los aerogeneradores de las plataformas eólicas flotantes para integrar su energía en la red eléctrica, y así dar luz a poblaciones aisladas.

Expansión internacional

Controlar la energía undimotriz, muy variable, es uno de los retos a los que Sendekia se enfrenta. La turbina debe ser capaz de aprovechar el oleaje más fuerte, tener una generación de energía media lo más estable posible y resistir las condiciones extremas. En este contexto Carolina Grases calcula que el mantenimiento de la maquinaria podría ser “extremadamente costoso”. Pero el director técnico incide en que la menor dimensión del dispositivo y que no necesite una cámara de aire lo hace “muy resistente” a las condiciones adversas. “La turbina está diseñada para quedar inmersa en agua por las olas extremas como un surfista que cruza las olas”, defiende el ingeniero.

El precio y tiempo de amortización de SDK Wave Turbine dependerán de a quién vaya destinada la tecnología. La directora ejecutiva explica que las granjas de acuicultura obtienen la energía de motores diésel “muy caros”, pero que es más difícil competir con el precio de la energía de la red eléctrica. Según la potencia requerida, el cliente podrá utilizar una turbina grande o varias pequeñas. De momento la empresa ha creado un prototipo pequeño que esperan poder escalar para desarrollar máquinas más grandes y potentes en el futuro, e incluso parques de turbinas.

Carolina Grases define España como “un país muy atractivo” para probar e implantar esta tecnología por su gran superficie costera con zonas de alto oleaje como Galicia. Confía en que, si tienen éxito, podrán exportar el sistema a otros países como Chile, Noruega e incluso la India. “Tenemos en mente un mercado muy internacional”, concluye.

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