El palo para selfies como cierre argumental para la historia de la humanidad

En GQ España, encontré el artículo Un ‘selfie’ para el fin del mundo, o la explicación de cómo un palo nos llevó hasta el teléfono celular, y éste último nos llevó de vuelta hasta un palo cerrando de este modo el arco argumental de la historia de la Humanidad, que bien podría terminar ahora mismo de forma tan irónica como elegante.

También el palo para selfies es el único ingenio con tecnología de palo popularizado en los últimos tiempos, cuya invención no podemos atribuirnos los Argentinos, lo que demuestra que hemos perdido nuestra capacidad innovadora (¿?) y evidencia más que nunca la necesidad urgente de incrementar la inversión en I+D, o al menos en I+P.

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Un ‘selfie’ para el fin del mundo

Si la historia de la humanidad es una película entonces debemos estar en los últimos minutos. En alguno de esos cinco o diez minutos del final que sobran en casi todas las películas. Los que se añaden después de un fundido a negro que perfectamente podría haber dado paso a los créditos, pero que inexplicablemente continúan la narración aunque ya se haya cerrado el arco argumental.

El hombre aun vivía en las cavernas cuando se dio cuenta de que colocando un palo a una piedra conseguía resultados mejores: golpes más certeros y potentes que si se limitaba a agarrar la piedra con la mano. Había construido una de las primeras máquinas simples. A partir de ahí comenzó a desarrollar otras herramientas y máquinas y más tecnología, hasta llegar al teléfono móvil.

A estas alturas del año decenas de expertos andan tirándose de los pelos: ninguno incluyó el palo para selfies en sus previsiones de tecnologías rompedoras para el año 2015. Y, sin embargo, el palo para selfies ha sido la estrella en las recientes ferias de electrónica de consumo y de móviles. Parece que todo el mundo quiere un palo para selfies y de repente, como no podía ser de otro modo, una cantidad excesiva de fabricantes ofrece el dichoso palo. Nadie anticipó que la próxima burbuja tecnológica se reducía a unos simples palos, como cuando vivía- mos en las cavernas.

Por supuesto, en un mundo cada vez más polarizado el palo para selfies también es una de esas cosas que ha dividido a las personas en dos grupos: aquellos que lo quieren y aquellos que quieren golpear a los primeros. Tampoco es que esta estaca sea un invento de ahora. Existen desde hace años. Incluso por internet circula alguna autofoto de hace un siglo tomada con un palo, pero a saber cuál es su autenticidad.

También está el monopod, que sirve para estabilizar la cámara de forma parecida a como hace el trípode pero con una sola pata, un accesorio común entre los fotógrafos profesionales y amateurs. Tal vez el próximo gran invento sea el trípode para selfies.

Sin embargo, es ahora cuando lo de ponerle un palo al móvil se ha popularizado salvajemente, evidenciando que España ha perdido su capacidad inventora –al parecer dio por cerrado el desarrollo de la tecnología basada en los palos con la fregona y el Chupa-Chups– y deparando literalidad a la expresión “una mierda pinchada en un palo” viendo la calidad de imagen de muchos de los selfies que pululan por Instagram.

En cualquier caso las autofotos han dejado de ser algo artesanal e incluso desde que comenzó el año ya no está bien visto hacerse un selfie sin la sofisticación que ofrece un palo. Usar el brazo resulta anticuado y poco profesional, del mismo modo que en el pasado hubo un momento a partir del cual a nuestros ancestros les parecía primitivo, como de la época de Caín y Abel, coger la piedra con la mano para golpear al vecino.

Así que decenas de miles de años después el hombre se da cuenta de que colocando un palo al teléfono móvil consigue resultados mejores: fotografías en las que se ve algo más que ese grano con el que has amanecido, imágenes más nítidas y sujetos favorecidos. Favorecidos en parte porque con el palo se reduce la deformación de los rasgos debido a la óptica de la cámara. Y también, no nos engañemos, porque es más fácil tener buen lejos que ser guapo en las distancias cortas.Casi todos parecemos más atractivos cuanto más de lejos se nos mire… y cuanto más de lejos se nos fotografíe.

De este modo, el palo para selfies cierra el arco narrativo de la historia de la humanidad, que perfectamente podría darse por concluida en este punto. Aunque muy probablemente gozará, como sucede con las películas, de unos inexplicables minutos adicionales.

*Artículo originalmente publicado en el número 208 de GQ.

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